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Edulcorantes no calóricos, ¿un mal necesario?


Los edulcorantes no calóricos son endulzantes que se caracterizan por su alta capacidad de estimular la sensación de sabor dulce, con el beneficio de no adicionar calorías a la dieta, dado su mínimo o nulo contenido calórico. Por eso, se han convertido en una alternativa para las personas con sobrepeso, obesidad y diabetes. Pueden ser de origen natural, como la stevia o artificiales como sucralosa, aspartame, sacarina y acesulfame potásico, entre otros. El estímulo de sabor dulce llega a ser más de 200 veces comparado con el azúcar en el caso de la stevia o aspartame y hasta 600 veces mayor en el caso de la sucralosa.


El sabor dulce.


Todas las acciones repetitivas que realiza el ser humano, generan circuitos neuronales que facilitan su ejecución y perfeccionamiento. Si éstas acciones generan placer o no, depende de los neurotransmisores involucrados y de la ubicación de éstos circuitos neuronales en áreas conocidos como centros de recompensa cerebral, hedónicos o de placer. Las acciones que estimulan éstos circuitos pueden producir un efecto adictivo, éste es el origen de la mayoría de dependencias o adicciones.


La sensación de gusto esta mediada por receptores que se encuentran en las papilas gustativas de la lengua, desde allí se generan impulsos neuronales por medio de neurotransmisores, que conducen la sensación de gusto a la corteza primaria del gusto, insular y corteza opercular, así como al sistema de recompensa cerebral (amígdala, orbito frontal y prefrontal), donde se genera placer. Los edulcorantes calóricos y no calóricos generan estímulos similares a nivel del sistema de recompensa cerebral.


Beneficios.


Los beneficios teóricos inherentes al menor consumo de calorías están relacionados con disminución de riesgo de sobrepeso, obesidad, síndrome metabólico, diabetes, enfermedad cardiovascular, entre otros.


Después de múltiples estudios contradictorios, un metanálisis reciente (evidencia médica de alta calidad), publicado en Obesity Reviews, año 2020, evaluó más de 2000 estudios y encontró que cuando una dieta reemplaza el consumo de azúcar por consumo de edulcorantes no calóricos, se produce una pérdida de peso significativa, principalmente en adultos con sobrepeso u obesidad.


Los edulcorantes no calóricos estimulan con menor intensidad los circuitos de recompensa cerebral o de placer, favoreciendo teóricamente, un menor efecto adictivo. Un estudio demostró que los centros de recompensa cerebral estimulados por los edulcorantes no calóricos, son diferentes a los centros estimulados por el azúcar, a pesar de generarse por los mismos receptores gustativos. Es probable que el consumo de azúcar desde la niñez estimule el desarrollo de circuitos cerebrales de placer diferentes.


Además, múltiples estudios y metanálisis han demostrado que los edulcorantes no calóricos no afectan de forma significativa el metabolismo de carbohidratos y no producen alteraciones de la glucosa. Otros estudios han demostrado que los edulcorantes no calóricos no producen daño endotelial en los vasos sanguíneos, a diferencia del azúcar, éste daño endotelial es en parte, el origen de la enfermedad cardiovascular.


Riesgos.


Algunos estudios han relacionado el consumo de edulcorantes no calóricos con múltiples efectos adversos, sin embargo la mayoría de ellos no han logrado suficiente sustento científico y los resultados son poco contundentes, por lo que los edulcorantes no calóricos están aprobados por las principales agencias de alimentos del mundo y son ampliamente utilizados en la actualidad, tanto para endulzar alimentos naturales o procesados, como en alimentos ultraprocesados de venta libre como las gaseosas sin azúcar, cuyos principales endulzantes son el aspartame y el acesulfame potásico.


Dentro de los probables efectos adversos se han considerado la alteración de la microbiota intestinal, intolerancia a la glucosa, alteraciones de la conducta alimentaria, mayor avidez por el sabor dulce, aumento de peso, riesgo de cáncer, enfermedad cardiovascular, alteraciones neurocognitivas y del comportamiento, entre otros. Sin embargo, un metanálisis de estudios, publicado en la prestigiosa revista British Medical Journal, en 2019, encontró que no existe mayor riesgo de ninguna de estas enfermedades o trastornos con el uso de edulcorantes no calóricos, con la aclaración de que los estudios analizados son de poca calidad por lo que los resultados no son totalmente confiables.


Las teorías en contra del uso de edulcorantes no calóricos, basadas en evidencia científica de baja calidad, indican que su uso podría aumentar la actividad de centros de inhibición de recompensa, lo que implicaría que, con el tiempo, genere adaptación a su uso e incluso un aumento de avidez por consumo de azúcar y aumento de peso.


En particular, el aspartame, uno de los más frecuentes endulzantes de gaseosas sin azúcar, ha sido asociado a alteraciones neurofisiológicas y cognitivas, como alteraciones del aprendizaje, migraña, convulsiones, ansiedad, depresión e insomnio. El mecanismo por el cual podría producir estas alteraciones es por aumento de niveles de fenilalanina y acido aspártico a nivel cerebral, lo cual inhibe la síntesis y liberación de dopamina, noradrenalina y serotonina, reguladores de la actividad neuronal. A nivel renal el aspartame se ha asociado a aumento de radicales libres y daño renal, sin embargo, los datos de estudios en humanos no son suficientes para llegar a esta conclusión.


En resumen.


Los edulcorantes no calóricos son una alternativa al consumo de azúcar con el beneficio de no aumentar el aporte calórico, evitar los efectos adversos relacionados con el consumo de azúcar y favorecer la pérdida de peso. Si se compara con una dieta que incluya azúcar, todo indica que los edulcorantes no calóricos son una opción favorable y segura, en especial los edulcorantes de más amplio uso, como la stevia y la sucralosa.


Sin embargo, efectos adversos probables de algunos edulcorantes, como el riesgo de cáncer, enfermedades neurodegenerativas y alteraciones neuropsiquiatrías en el caso del aspartame, aunque descritos en animales y con resultados contradictorios en humanos, generan dudas sobre su seguridad, por lo que se requerirán más estudios que evalúen el efecto de su uso masivo y a largo plazo para obtener conclusiones definitivas.


Mauricio Alvarez Andrade

                                                                                                   Médico Internista y Endocrinólogo


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